Pasan
los años y de los recuerdos se hace un trofeo, que se calza por encima de todas
las posesiones, en donde las más valiosas a veces son las mas secretas, las más
intimas, aquellas que en vez de acumular polvo, acumulan nostalgia, pues lo
irrepetible se vuelve un imposible que nos estructura en los cimientos de nuestra conformación
auténtica.
Así,
recorriendo a la par las huellas de una extraña debía comenzar el despertar de
mis sentimientos, a la par, pero tan lejos, debía comprender aquello que veía
tan magnéticamente atractivo debía comprender que no sabía más que hacer que de
inmediato suplicar por el crecimiento de mis capacidades, la frustración acecha
todo aquello que no podemos alcanzar y se convierte en mito.
La
conseja de la educación surgió dentro de mi para imprimir en mi trato el
camuflaje de mi inocencia, y mi inocencia no disimulada debía lucir como una
medalla en un mundo que aprecia lo que se muestra auténtico y sereno, mis ojos
brillaban y bailaban al son del fuego de una chispa correspondida solo en la
curiosidad, interprete mil historias que siempre quise escuchar de la melodía
del momento, y descubrí la belleza de lo primero aún perdiendo en ello la inocencia.
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