Esa noche me volví distinto, porque desperté de los juegos del deporte a el ajedrez de la conquista, de la sublevación de las horas, para aparejarlas en los momentos, desperté de la sobriedad de los deseos, a la posibilidad de la independencia espiritual, pasando por los amarres de la dependencia emocional, volví mi vista a la posibilidad del sueño, aparcando en la realidad de la posibilidad, vertí mi corazón disuelto en impulso y me lo bebí entero para despertar borracho de sentimientos, químicamente me volví reactivo, debiendo ser por todo ello, rebelde, ensimismado, entusiasta y protector de mis pequeños alcances, todos mis privilegios no alcanzaban para siquiera seguirle el paso. Dieciséis años y todo sabe, huele y se ve diferente. Pasan los años y de los recuerdos se hace un trofeo, que se calza por encima de todas las posesiones, en donde las más valiosas a veces son las mas secretas, las más intimas, aquellas que en vez de acumular polvo, acumulan nostalgia, pues lo irrepetib...